lunes, 13 de julio de 2015

Sobre La dama de oro

La dama de oro trata de Maria Altmann, señora judía radicada en EUA en los 90's, nieta de Adele Bloch-Bauer y heredera legítima de La dama de oro, obra de arte pintada por Gustav Klimt en 1907, y en ese momento exhibida en la galería Belvedere, en Viena, Austrtia. No sé qué de esto es cierto, pero es lo que expone la película.
Maria contacta al abogado Randy Schoenberg luego de enterarse que el gobierno austriaco ha empezado un proceso de reinstitución del arte, con el objetivo de regresar las pertyenencias robadas por los naziz en la guerra a sus dueños.
Viajan  a Austria y aplican para que La dama de oro, entre otros, sean devueltos a Maria. No lo logran. Regresan a Estados Unidos y, a través de "lagunas legales", consiguen llevar la demanda a cabo ahí. Al darse cuenta de la cantidad de tiempo que les tomaría todo el proceso, deciden agotar un recurso más en Austria, un mecanismo de arbitraje en el que cada parte elije a un réferi, y a los que se incluye un tercer réferi neutral. Finalmente consiguen las obras y las mudan a un museo en NY por una gran cantidad de dólares.
El gobierno Austriaco argumenta que la pieza es patrimonio fundamental de la cultura y la historia del país, y es cierto. 
¿Está la justicia por encima de la base de una sociedad? ¿Es más importante que un cuadro sea entregado a su dueño (a su dueño en papel) o que permanezca donde ha sido exhibido, donde a ganado su reconocimiento, donde ha influido las vidas de cientos de personas?
Imagino que la importancia del cuadro parte de la cantidad de vidas que a modificado. Porque diría que esa es la función del arte: modificar a quien lo contempla. Y las obras que mejor llevan a cabo esta tarea son las mejores obras. 
¿Está el arte (modificar la vida) por encima de la justicia?
Hay casos mucho más simples, como las obras de teatro en las que los personajes fuman en escenea, en un lugar cerrado, aun cuando está penalizado ampliamente por la ley. ¿Si se les denunciara los multarían? ¿Clausararían el teatro? o ¿Las licencias poéticas le permiten al arte saltarse algunos aspectos legales? Si es así: ¿Cuáles? ¿qué tanto se puede quebrar la ley en pro del arte (de modificar vidas)? Porque lo podemos llevar a un extremo: matar a alguien en escena definitivamente modificaría muchísimo a los espectadores. Claro, no se trata de eso, el teatro es ficción y se construye con imaginación, no necesitas matar a alguien, solo imaginar que lo matas y que el público imagine que lo mataste. Entonces: ¿Por qué no imaginar que fumas? 
Hace un par de años, en la ceremonia de premiación del Festival Internacional de Teatro Universitario (FITU), de la UNAM, en la Sala Miguel Covarrubias, vi como un actor, con una sierra eléctrica, decapitaba a un cerdo colgado del techo (ya muerto), y luego dejaba caer en su boca la sangre que goteaba del cuerpo sin cabeza. En mi ignorancia jurídica no sé si eso era legal, quiero suponer que no, pero sí me parece que excede. Y vaya, de eso se trata mucho, de exceder y cuestionar, pero vuelvo a preguntar ¿Qué tanto podemos excedernos bajo la justificación de que estamos haciendo arte?

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