viernes, 8 de mayo de 2015

Sobre Amantes de 5 a 7

Era viernes. Estaba solo en mi casa y decidí ir a cine. Es, quizá, la mejor decisión que habré tomado en el año.

Vi Amantes de 5 a 7 y ya es una mis películas favoritas, aunque tal vez solo sea amor a primera vista y después se me pase.

La película va de dos personas que se conocen y se enamoran. Él, escritor, joven, un poco desalineado; ella, bella, elegante, divertida e interesante.
Se encuentran en una esquina un día y cambian sus vidas. Así de simple.

Ella está casada, luego pues solo se pueden ver de 5 a 7, horario en el que las reglas de su relación le permiten tener un amorío. Él acepta renuente porque va contra su ética. Se aman, se adoran, construyen lo más grandioso del mundo; se separan, se alejan; nunca se olvidan.

Es una película que te enseña a vivir. Y te pregunta cosas de la vida.

Te enseña que la maravilla del mundo puede estar contenida en dos horas diarias. Te enseña que la grandeza existe, solo tienes que dejarla entrar. Te pregunta si la sociedad no es toda idiota, si no hay un par de convenciones que deberíamos romper.
Te pregunta si el amor de tu vida puede estar a tu lado solo un mes, y después vivir solo en tu cabeza, en tu memoria.
Te enseña que el verdadero amor, el que vale la pena (lo que sea que eso signifique), cala, te duele, se te mete en los huesos, se vuelve lo más importante, lo único importante, te marca toda tu vida, se vuelve omnipresente.
Te enseña que puedes pasar y formar tu vida junto a alguien, y amar a una persona diferente. Vamos, que no es lo mismo vivir con alguien que amar a alguien.

Es una película en la que al final ocurre magia. Justo en el instante que se encienden las luces todo el mundo se seca las lágrimas por pena, a excepción de un par de valientes que nos enorgullecemos de lagrimear por las cosas bellas.

Ocurre magia cuando entra corriendo el señor de mantenimiento, anunciando que la salida es por arriba, y de repente se rompe el trance, de repente regresas a la realidad, al mundo fuera de la película, que, sin embargo, gracias a ella, ahora será más bello.

Llegué a mi casa, abracé a mi padre, y le dije que lo amaba.
GüácalaQuéCursi.

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